Nació en Santiago, en octubre de 1644. Hijo de Diego González Montero y Ana Jufré del Águila Sarmiento, familia acaudalada y noble. Lo mandaron a Lima a hacer sus estudios profesionales en la Universidad de San Marcos, donde se gradúo de doctor en Cánones y en Leyes, para luego ser nombrado en esa misma Universidad como profesor de leyes. EL historiador de Concepción y la iglesia, Muñoz Olave (1916) menciona que "Fue un insigne jurisconsulto y desempeño con honra y provecho la profesión de abogado".
Casado en Lima con Doña Lorenza Zorrilla. Después de enviudar de ella ingresó al clero y fue ordenado sacerdote, en Lima. Fue designado Provisor y Vicario general del Arzobispado de Lima, examinador sinodal y Cura Rector de la Catedral de Lima. Muñoz Olave (1916) destaca que a esa altura "su carrera eclesiástica fue tan brillante como lo había sido la forense".
Aquel buen desempeño le significo que el Papa Clemente XI lo escogiera Obispo de Concepción en el Consistorio de 3 de octubre de 1708. Consagrado en Lima, en el Monasterio de Santa Clara, el 5 de enero de 1710, por D. Francisco de Cisneros y Mendoza, Obispo de Santa Margarita y Auxiliar de Lima. Toma posesión de su diócesis en 1711, sucediendo a D. Fray Martín de Híjar y Mendoza, fallecido en 1704. Durante su gestión en Concepción visitó Chiloé y Valdivia, impulsó estatutos de gobierno, fundó el beaterío de la Santísima Trinidad y promovió la educación de jóvenes pobres.
Fue corto el episcopado del Sr. Montero, siendo trasladado por Clemente XI a Trujillo, Perú , el 21 de enero de 1715, en donde termina falleciendo en Saña, mientras hacía la visita pastoral, el 25 de febrero de 1718. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de Trujillo en 1720.
Francisco de Loyola y Vergara nace en Ica, Perú, en el año 1609, se trasladó en su juventud a Lima, donde estudió en el colegio San Ildefonso y luego en la Universidad de San Marcos, graduándose como doctor en Teología. En 1622 ingresó a la Orden Agustina y, tras profesar y ordenarse sacerdote, inició su labor docente como catedrático de Filosofía y Teología. Fue un destacado orador sagrado y ocupó diversos cargos dentro de su orden: secretario provincial en 1637, definidor provincial en 1641, prior de Cuzco en 1645, vicario provincial en Lima en 1657.
Aunque deseaba dedicarse al estudio y la enseñanza, su capacidad administrativa lo llevó a ser recomendado por el virrey y presentado a Clemente IX, quien lo nombró obispo de Concepción en 1671. Al llegar a Chile encontró una diócesis devastada por terremotos, corsarios y conflictos indígenas. Se instaló en el convento agustino y se dedicó principalmente a la formación del clero, organizando estudios de Filosofía y Teología y regularizando la enseñanza del Latín.
También intentó conciliar la doctrina cristiana con las costumbres de los araucanos, especialmente en torno a la poligamia, siguiendo las orientaciones de Gaspar de Villarroel. Sin embargo, no logró una solución definitiva, lo que generó continuas rebeliones indígenas. Su episcopado se caracterizó por la austeridad, la preocupación por la educación y la firmeza en la disciplina eclesiástica.